Competir contra nosotros mismos

Podemos encontrar un perfil común, caracterizado por la idea de que “el prado del vecino de al lado será siempre más verde que el de uno mismo”. Es una sensación de competición en la que siempre perdemos; podemos ser buenos en nuestra profesión, pero buscamos ser el mejor profesional, y a lo mejor no lo somos. Se establece entonces una descompensación enorme entre nuestras expectativas y la realidad existente.

Cuando lleguemos al ideal que buscamos, imaginando que lo lográsemos, no seremos tan felices como creemos en este momento, porque siempre habrá una situación que sea aún más perfecta en la que entonces sí que todo se habrá solucionado, y así una y otra vez.

Cuando triunfamos se activa el mismo mecanismo, cuanto más ascendemos más nerviosos nos ponemos por el miedo a triunfar. Se trata de un juego constante en el que uno no quiere ser un BUEN consultor, sino que quiere ser EL consultor. Además, vemos que si hemos sentido en algún momento el estar a la altura del resto de los integrantes de “la competición”, tenemos miedo a perder la posición. Nos encerramos en una jaula de oro en la que cuanto más se tiene menos podemos perder; solemos ser personas que trabajamos muy profesionalmete, ascendiendo habitualmente, cuyo dilema es que una vez que ascendemos ya no nos permitimos bajar. La problemática no es el trabajo o los beneficios que obtenemos de ello, recordándonos la responsabilidad de hacerlo bien, sino la sensación de que siempre podemos perderlo. La cuestión que nos encierra en círculos es conseguir la seguridad.87fe3c0a881b2cc4b1603f08db94278a

Hay que conseguir derrumbar una idea narcisista que tenemos en la vida a través de saber que: no vamos a ganar. Esto puede parecer una mala noticia, pero en realidad la buena es que hemos de hacernos a la idea de que no va a ganar nadie; pensemos, porque ¿qué será de Napoleón dentro de 100.000 años?.

Claro que en la vida hay que competir, lo que pasa es que la forma de competir de la que hacemos uso es más insana que otras formas, porque no competimos con los demás, sino que competimos con nosotros mismos. La vida es un sitio en donde valoramos que no se puede perder, creyendo a la par que siempre perderemos. En nuestro caso, cuando uno deja de sentir que tiene que volver a competir contra todos, es cuando mejor jugador se vuelve. La historia al final no es demostrar que somos el mejor jugador, a lo mejor es pensar que lo somos realmente.

Nos preguntamos, pero eso…¿Cómo se hace?. En realidad, formulando esta pregunta es como si estuviésemos cuestionándonos ¿Cómo se monta en bicicleta? Aprender a montar y mantener el equilibrio es algo que se adquiere a base de práctica y sobre todo, a base de leches. Resulta que mantener el equilibrio nos resulta un aspecto tan complicado como sencillo. Igualmente, ¿cómo se flota en el agua?… Solamente hay que dejar de estorbar al agua. Sólo es cuestión de intentar dejar de hacer movimientos. No hay mejora sin asumir riesgos y no podemos cambiar los esquemas mentales sin experimentación. No puedo superar un miedo, sin enfrentarme a él. No podemos mandar un beso por mensajero. Así que quizás no consiste en que nos enseñen, sino que pensemos que ya sabemos hacerlo y a raíz de eso, experimentemos. Todo depende de la carne en el asador que le pongamos al hecho; la importancia que le otorguemos al éxito y la carga que asociemos al los fracasos.

Author: rubencas

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