El duelo

Se habla pocas veces de algo por lo que pasamos todos, una temática esencial del ser humano, como son los momentos de duelo. Decimos que cuando estamos inmersos en este tipo de situaciones, el sentimiento de culpa es inherente al proceso de duelo, algo que suele darse en situaciones de nacimiento y muerte, y esto suele darse así porque solemos tener expectativas ante tales circunstancias; fantaseamos con lo que pasó y teñimos de culpa el hecho en sí, lo cual hace probable que nuestro recuerdo sea ligeramente diferente de la realidad.

Así que como vemos, en numerosas ocasiones tendemos a sentir culpa porque creemos que así parece que nos acordamos más de nuestro ser querido; el problema es que a veces, durante ese proceso y en pro de sentir la carga, se nos olvida que nos siguen pasando cosas.

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Por otro lado, si vemos que podemos experimentar temor al duelo, tenemos que tener en cuenta que el proceso es importante porque hay que pasarlo. Es necesario que experimentemos, y nos dejemos experimentar, el dolor o los sentimientos que provengan de la pérdida, sin miedo a ello; con lo que sí hemos de ser cautos es con la vivencia constante del posterior sufrimiento, la cual puede aletargarse y engancharse a nuestra forma de vivenciar la pérdida.

En realidad, la muerte es mucho más fría de lo que imaginamos, y decimos fría en el sentido de que es algo que ha pasado y ha pasado; algo que seguramente diste mucho de las posibles fantasías que hayamos desarrollado en determinados momentos acerca de ella.

Una cosa es la fantasía de lo que somos, y otra, la realidad de lo que somos, observando que muchas veces vivimos en nuestra fantasía más que en la realidad; de tal forma que no podemos confundir sensibilidad con fortaleza, o mejor dicho con la debilidad, por ejemplo. Estamos haciendo referencia, en el fondo, a un pensamiento un poco agorafóbico que tendemos a sentir: y es que ante el duelo no debemos sentirnos bien, parece que debemos estar hechos polvo para demostrarnos que nos ha dolido la pérdida. Como si no sintiésemos tristeza ya de por sí, y teniendo en cuenta que cada uno reacciona de una determinada manera independientemente de las sensaciones que experimente, cuando pensamos eso estamos enganchándonos al sufrimiento más que al dolor; por lo que no debemos confundir, de nuevo por ejemplo, la fortaleza con la insensibilidad ante la pérdida.

Author: rubencas

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